-La primera fase del proceso de independencia tuvo un capítulo particular en las propuestas autonómicas de Quito.
Eran activas participantes de las reuniones que planeaba la insurrección. Eran ávidas lectoras y organizaban frecuentes reuniones con los viajeros que llega...
En el proceso independentista ecuatoriano pueden distinguirse, según el historiador Carlos Landázuri, dos etapas diferenciadas. Entre 1809 y 1812, la élites quiteñas lideraron la propuesta de un proyecto económico y político emancipatorio que nunca llegó a concretarse en los términos propuestos. Entre 1820 y 1822, el espacio ecuatoriano se vinculó al proyecto continental comandado por Simón Bolívar y José de San Martín.
La primera etapa es la más interesante a nivel local, pues nació de las necesidades de ciertos grupos sociales de la Audiencia de Quito, así como de las particularidades locales, tanto étnicas como intelectuales. Fue una propuesta original y distinta que nos acerca a las raíces de lo que después sería la nación ecuatoriana. Pero el desarrollo de un proyecto que reclamaba cierta autonomía de gobierno hacia uno genuinamente independentista duró algunos años. Se trató de un proceso bastante complejo.
Desde el siglo XVI los criollos habían acumulado malestar. Sentían que, a pesar de ser una fuerza económica importante, eran discriminados del gobierno y la administración de la tierra donde habían nacido. A pesar de que los criollos se sentían preparados para ejercer los cargos de gobierno, estos eran otorgados a peninsulares, con todas las prebendas y ventajas económicas que eso suponía. En el siglo XVIII, se sumaron nuevos factores a este descontento y se sentaron las bases de la emancipación.
Además de los factores externos y aquellos comunes a todas las colonias americanas, hay otros antecedentes que explican por qué se dio en Quito un movimiento autonomista antes que en otras regiones americanas. El primero de estos antecedentes fue la pérdida de importancia económica y política de la Audiencia de Quito en el contexto americano. En el siglo XVIII, la región de Quito se estancó mientras que Venezuela, parte de Nueva Granada y el sur del continente vivieron un rápido crecimiento. En ese contexto, la audiencia sufrió cierto aislamiento y varios cambios en su estatus político y en su adscripción administrativa hasta que quedó subordinada al Virreinato de Nueva Granada en 1739.
El segundo antecedente es la pérdida progresiva de control de la Audiencia de Quito sobre sus provincias periféricas, que pasaron a ser administradas por los virreinatos. En términos concretos esto supuso el recorte de su territorio o, en todo caso, la disminución de influencia frente a una mayor presencia de las autoridades virreinales.
Para 1808, la Real Audiencia era un territorio fragmentado y desarticulado. Las élites criollas quiteñas, en su búsqueda por recuperar la importancia y el control perdidos, y por conseguir más autonomía frente a los virreyes, propusieron que la Real Audiencia fuese convertida en Capitanía General independiente, pero sus reclamos no fueron oídos. Cuando Napoleón invadió España, vieron la oportunidad de llevar a cabo sus aspiraciones.